El sexo sí vende
el fenómeno Romina Pistolas
Si hay algo que ha demostrado el fenómeno en que se ha convertido la Romina Pistolas es que el sexo vende, aun en un país como Chile donde siempre ha sido considerado como algo tabú.
A Romina Pistolas la empecé a seguir cuando alguien me recomendó su libro Carmen y lo empecé a leer por la Biblioteca Pública Digital. No lo seguí porque leer por el computador es algo que cada vez se me hace más ajeno y difícil, y el formato de la plataforma no es mi favorito. Le perdí la pista un rato hasta que vi que la Nata (Natalia Valdebenito) la iba a entrevistar en su programa en Súbela “El café con Nata” (que extraño cada día), que estuvo al aire hasta el año pasado. Ahora siento que es imposible no verla. El revuelo que ha causado en Chile es de estudio; y lo digo (o escribo) como el mayor de los cumplidos.
Como siempre este ensayo empieza por algo que vi en internet. En este caso la publicidad que Romina le hizo a una de las más nuevas líneas de la marca Garnier. Ella en su tina, desnuda, llena de burbujas, probando cada uno de los productos.
Lo primero que pensé cuando vi el video (admito que más de una vez, por qué ¿aló? como diría Sinaka) fue, “nunca antes hubiéramos visto algo así en el mundo de la publicidad chilena”. ¿Una mujer? ¿Desnuda? ¿Absolutamente unapologetic con su sensualidad y sexualidad? ¿En una marca bien mainstream de la industria? Le explota la cabeza. Lo segundo que pensé fue “que bien que vende el sexo”. Y voy a ahondar en eso. En un tema que nunca en mi vida he tocado en voz alta a alguien que no sea mis círculos más íntimos (seis personas, pensadas y contadas específicamente para este ensayo).
El sexo es algo que siempre ha vendido, lo quiera el gobierno de turno o no. El sexo siendo algo tabú vende aun más. Por algo existe el piscinazo del Festival de Viña del Mar. Por algo el Passapoga sigue tan parado como siempre (pun intended). Por algo la serie Juego de Tronos fue tan popular en su momento. Y podría seguir con mil ejemplos.
Desde que la vi en el programa de la Nata caí en un loop de ver cosas de la Romina. Escuchar el podcast que tiene con su amiga y fellow sex worker Gaby “Too pretty to work here” y los programas que hizo en su paso por Chile antes de anunciar que se quedaba definitivamente. Vi en sus redes sociales como todas las convocatorias que ha hecho en Santiago y otras ciudades de Chile, conversatorios, firma de libros, se han llenado. Personas queer, disidencias, otras trabajadoras sexuales juran por ella y por lo que representa, la libertad de expresión femenina que tanto se nos cuestiona.
Creo que a estas alturas se le puede considerar (a Romina) como influencer, y es un respiro de aire fresco, honestamente. Antes la industria siempre fue muy pulcra, o al menos la mayor parte de la industria de la publicidad y los influencers que conocemos hoy en día. Ni hablar del mundo literato, algo que necesita su ensayo a parte considerando que Romina es escritora. Si se veía una publicidad de Garnier hubiera sido con la influencer de su elección sentada frente a la cámara hablando del producto, quizás en la ducha con tomas muy de comercial que sale en la tele. Lo que hace Pistolas (estoy intentando no repetir su nombre quinientas veces) es todo lo contrario. Sin explicitar su cuerpo, algo que es entendible porque necesitamos que no nos bajen el video, presenta el producto. Se lo pasa por el pelo, lo (se) masajea, juega con la espuma y se muestra lista para salir con un pelo fabuloso, digno de comercial de shampoo. Y eso es exactamente lo que es.
Por alguna razón me recordó al Gucci de Tom Ford, unapologeticly sexy. Sexual y sensual a la vez. Creo que las personas que nos interesamos en la moda recordamos a la perfección ese Gucci, algo que su actual director creativo, Demna, está intentando traer de vuelta. Romina Pistolas sería la perfecta embajadora del Gucci de Tom Ford.
Si hay un debate que siempre existirá es el sexo y la recuperación de el cuerpo de la mujer frente al sexo. Hay algunas que dicen que el sexo es inherentemente machista, unicamente para el consumo masculino. Algo capitalista. Algo que no debería ser. Que cómo se les ocurre querer regularizar el trabajo sexual. Que como mujeres no nos debería ni atraer ni gustar el sexo. Que si decimos que nos gusta estamos mintiendo. Si me meto a Twitter y busco Romina Pistolas el péndulo oscila entre eso y lo icónica que es. Y hay que admitir que lo es. Porque vender sexo en un país tan reprimido como Chile es fácil, lo que es difícil es que la gente te apoye. Y quizás es el algoritmo, pero el fenómeno Romina Pistolas y el apoyo que ha tenido es algo nunca antes visto.
El sexo es algo que en Chile siempre va a ser dicho a susurros, “pa’ callado”. Yo que tengo 27 años voy a estar toda ansiosa publicando esto por lo mismo (culpo a la crianza en casa católica). Con el nuevo gobierno de turno (extrañamente empecé a escribir esto la noche del 11 de marzo), el sexo se va a convertir aun más en tabú. El “todo gratis, todo gay” va a ser reemplazado por el “Dios, patria y familia” y los martes de pololeo.
Su nuevo libro Mi año de sexo y relajación promete, se nota que promete. Nunca terminé de leer Carmen, quizás me lea ambos al mismo tiempo. Aún no lo sé.

